Un hombre y una mujer, dos seres distintos, pero parecidos al mismo tiempo. Ambos son dos almas doloridas que caminan a lo largo del camino que es la vida. Hasta que un día, sus caminos se cruzan.
Se paran, uno frente al otro, mirándose con desconfianza.
Después de permanecer largo rato así, ella da el primer paso y se acerca a él. Extiende la mano colocándola con la palma abierta sobre su pecho y cierra los ojos.
Instintivamente, él retrocede. Ella lo mira sorprendida, y no precisamente porque se haya apartado.
Entonces él se levanta la camiseta, mostrándole la cicatriz que tiene en el corazón.
Ella desliza los dedos por su camisa desabrochando los botones. Tiene la misma cicatriz.
Esta vez es él el que se sorprende.
- Tú también…- murmura, pero ella lo interrumpe.
- Sí, se lo que duele. Nunca antes me había encontrado con nadie. ¿Qué haces aquí?
- Escapar del pasado. ¿Y tú?
- Lo intento.-alzó la mirada, y sus ojos se encontraron.- pero siempre acaba encontrándome. Me persigue, me atormenta, y siempre, allá a donde vaya acaba encontrándome. Y esto es lo único que me provoca.-vuelve a mostrarle la cicatriz de la que ahora emana sangre.- siempre he caminado deseando que alguien ahí fuera me encontrase, y no sé si esto es una señal, o simplemente otro juego del destino.
Se acerca a él. Quedan uno frente al otro, cerca, pero tampoco demasiado. A una distancia prudente.
- ¿Crees qué habrá algo con lo que pueda curar mis heridas?
- Lo hay.
Ella lo mira sorprendida.
- ¿Y qué es?
- El amor.
- Eso fue lo que me causó esto.
- También puede curarlo.
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- ¿Dónde puedo encontrarlo?
Él esquiva su pregunta, y le responde:
- Está más cerca de lo que crees.
Ella reflexiona, asimilando lo que ha dicho.
- ¿No estás aquí por casualidad no?
Él la mira con intensidad, tendiéndole su mano, y sorprendentemente ella sonríe y la estrecha con fuerza.
Mientras se alejan ella le pregunta:
- ¿Me contarás lo que te ocurrió a ti?
Después de un breve silencio él contesta.
- Claro, tenemos mucho tiempo por delante.
Se paran, uno frente al otro, mirándose con desconfianza.
Después de permanecer largo rato así, ella da el primer paso y se acerca a él. Extiende la mano colocándola con la palma abierta sobre su pecho y cierra los ojos.
Instintivamente, él retrocede. Ella lo mira sorprendida, y no precisamente porque se haya apartado.
Entonces él se levanta la camiseta, mostrándole la cicatriz que tiene en el corazón.
Ella desliza los dedos por su camisa desabrochando los botones. Tiene la misma cicatriz.
Esta vez es él el que se sorprende.
- Tú también…- murmura, pero ella lo interrumpe.
- Sí, se lo que duele. Nunca antes me había encontrado con nadie. ¿Qué haces aquí?
- Escapar del pasado. ¿Y tú?
- Lo intento.-alzó la mirada, y sus ojos se encontraron.- pero siempre acaba encontrándome. Me persigue, me atormenta, y siempre, allá a donde vaya acaba encontrándome. Y esto es lo único que me provoca.-vuelve a mostrarle la cicatriz de la que ahora emana sangre.- siempre he caminado deseando que alguien ahí fuera me encontrase, y no sé si esto es una señal, o simplemente otro juego del destino.
Se acerca a él. Quedan uno frente al otro, cerca, pero tampoco demasiado. A una distancia prudente.
- ¿Crees qué habrá algo con lo que pueda curar mis heridas?
- Lo hay.
Ella lo mira sorprendida.
- ¿Y qué es?
- El amor.
- Eso fue lo que me causó esto.
- También puede curarlo.
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- ¿Dónde puedo encontrarlo?
Él esquiva su pregunta, y le responde:
- Está más cerca de lo que crees.
Ella reflexiona, asimilando lo que ha dicho.
- ¿No estás aquí por casualidad no?
Él la mira con intensidad, tendiéndole su mano, y sorprendentemente ella sonríe y la estrecha con fuerza.
Mientras se alejan ella le pregunta:
- ¿Me contarás lo que te ocurrió a ti?
Después de un breve silencio él contesta.
- Claro, tenemos mucho tiempo por delante.
Dos corazones rotos pueden llegar a complementarse.